sábado 1 de diciembre de 2007

Cuando se nos murieron los niños

Cuando se nos murieron los niños cayeron dos gotas. Pasaron años jugando afuera, en el jardín. Tuvieron cuatro mascotas: un pajarito herido que se escapó cuando se curó; un sapo en una caja de zapatos con tierra, que murió cuando Gregorio, sin querer, lo pisó. Un hamster que afiló sus dientes en una pecera y luego se tiró por un balcón. Después Angélica trajo un día una tortuga, que se comía las flores de su madre. Cuando ésta la descubrió, le prohibió permanecer en el jardín y la tortuga se encerró para siempre en su caparazón.
A Gregorio le gustaba jugar con fuego, a Angélica con plastilina. Casi ni se hablaban cuando estaban juntos. Gregorio quemaba papeles y ramitas, Angélica armaba casas y hombrecitos. Gregorio sabía que todo era combustible y Angélica que todo se podía armar y romper.
Un día, se acercaron demasiado, se miraron y estuvieron a punto de decirse algo...Angélica salió corriendo y las piernas le crecieron, Gregorio se quedó sentado y frunció el ceño. Con un cuchillo en la mano, Angélica se sintió a salvo. El enfrentamiento duró un instante: Angélica cortó por todos lados a Gregorio que, con pólvora y fósforos, armó un incendio al que arrojó a Angélica.
Con lo que le quedaba de cuerpo, Gregorio se acercó al fuego: el olor a grasa le producía una extraña fascinación. Se quedó al lado del fuego, tirado, se miró el cuerpo mutilado, cerró los ojos, quieto. Las alimañas, lo dejaron todo limpio.

2 comentarios:

sushi dijo...

oye mun, cómo estás pana?
Me gustó. Muy trágicos esos carajitos ( por momento me dio escalofríos), me recuerdan a Caín y Abel.

Orlando Gomb dijo...

Buenísimo!